Hay silencios que matan sin ser oidos
Hay silencios que matan sin ser oidos. A veces, no son necesarias las palabras para romper a alguien, a veces, el silencio duele mas que cualquier pelea. ¿Sabes por qué lo sé? Porque tras cada pelea él volvía haciendo ruido, dolía, si, pero no tanto como cuando se marchó para siempre. Justamente ese día lo hizo en el silencio de la habitación, sin ser precavido, sin dar aviso; se fue sin dar portazo, no hizo falta cerrar la puerta para saber que no volvería, que no habrían mas peleas; esta vez todo acabaría. Se quedó la casa oscura, vacía, como aguardando a ese dueño que lo pusiera todo patas arriba y trajera con él la felicidad de los días. Y se quedó sola esperando una respuesta, qué vana ilusión tenía la pobre niña, no era consciente de que todo estaba perdido ya, no habían habido discusiones , se había ido sin armar alboroto; símbolo de que aquella vez era la última que lo vería. Las lágrimas caían por su mejilla, enjuagándole los ojos y la cara, las lágrimas que le recordaban que aquello había sido real y que ya... no lo tenía. Se quedaron las rosas en el mismo jarrón de todos los días, se quedaron las cartas sin destinatario, las fotos sin protagonista; las primeras hojas de otoño arrancaron lo que quedaba de él, pero no consiguieron llevarse los recuerdos, aquellos que impregnaban el ambiente, aquellos que aún seguían. Y nada cambió desde que se marchó, y sin embargo, todo era distinto, quizás era el echo de que lo había perdido para siempre..

Comentarios
Publicar un comentario