Enfermería
Hace tres años tomé una de las decisiones más importantes de mi vida y hoy, a un año de acabar la carrera echo la vista atrás y veo lo rápido que se ha esfumado el tiempo. Recuerdo como si fuera ayer mi último año de instituto, selectividad y la dura espera hasta saber que había conseguido plaza en la carrera y universidad que quería. Desde entonces he ido creciendo como persona, aprendiendo cosas que pondré en práctica cuando trabaje y otras que sé, no debo ni quiero hacer.
La universidad es un arma de doble filo, haces lo que te gusta pero no de la manera que te gustaría. La realidad es totalmente diferente a lo que se ve desde fuera e incluso los que estamos dentro escondemos mucho. El descontento con la titulación que curso se hace evidente en la mayoría de alumnos, una profesión tan bonita que se cargan los propios profesores, coordinadores e incluso enlaces del hospital y aún así, aquí seguimos todos, amenazando con dejarla y a un paso de graduarnos, porque sí, nos queda aún un año, pero estos tres anteriores se han pasado en un abrir y cerrar de ojos que este, que es integro de prácticas, aprendiendo sobre el campo de batalla, se va a pasar mucho más.
He aprendido más en un turno de noche de 10 horas que en una asignatura que dura todo un cuatrimestre, te enseñan muchas cosas pero se les olvida lo más importante, el trato humano, porque los enfermeros trabajamos a pie de cama con personas, personas enfermas vulnerables y susceptibles a cualquier acción que nosotros hagamos. Todos te enseñan los dx nanda, los nic, los noc... y todo ese papeleo que sirve para desarrollarnos como una disciplina científica y ojo, que yo no critico eso ya que lo necesitamos para que en un futuro reconozcan nuestro trabajo como el de los médicos, sin embargo, de nada sirve si no sabemos tratar la parte humana y eso, a la mayoría se les olvida enseñarlo. Porque cuando un paciente llora, somos nosotras las que acudimos a consolar, porque cuando una familia pierde a uno de sus miembros, somos nosotras las que acompañamos en ese proceso de duelo que genera tanto dolor, porque, cuando un médico va a dar una mala noticia, somos nosotras las que estamos a su lado, traduciendo sus palabras, y no, no estamos preparadas para actuar en situaciones como esta porque nadie ha venido y nos lo ha explicado y los pocos que nos escapamos y lo sabemos es porque lo hemos vivido durante el desarrollo de nuestras prácticas, a base de palos lo hemos aprendido.
Pero todas estas quejas se quedan pequeñitas ante las cosas buenas que aporta esta profesión; porque es muy reconfortante que te den las gracias por el trabajo que realizas, que estén esperando que llegue tu turno porque viene la enfermera simpática y alegre que siempre los trata con una sonrisa. Porque aunque sea duro, coger la mano de una persona que esta muriendo es saber que eres especial, la estas acompañando en su último aliento, eres la última persona que la está tocando, que la está acompañando, que le esta dando la paz necesaria para irse y dejar de sufrir y eso, es gratificante, te hace darte cuenta del tiempo que aún tenemos para aprovechar con las personas que queremos. En estas prácticas he reído y llorado con los pacientes, he sufrido como lo han hecho ellos, he peleado por su bienestar, he estado noches sin dormir acompañando en sus últimas respiraciones, he cogido la mano a mujeres a punto de ser intervenidas de un cáncer de mama y las he tranquilizado, he sentido sus lágrimas al saber que todo había ido bien, me he puesto en su lugar y me he alegrado con ellas.
Me queda mucho camino por recorrer en esta profesión que sólo he iniciado contacto a través de prácticas pero me llevo una mochila que me va a acompañar toda la vida y unos conocimientos que nunca podré agradecer lo suficiente. He visto la parte más bonita y la más fea, he cogido las cosas buenas y he desechado las malas, no olvidándolas para no ponerlas en práctica nunca; pero sobretodo, he crecido como persona, me he enamorado de este trabajo. Todo esfuerzo y sacrificio al final es recompensado. Asique, si alguna vez alguien me pregunta cómo es enfermería, no lo pintaré como color de rosa, no omitiré lo malo, diré todo, la verdad, porque es muy dura y a la misma vez muy agradecida, cuanto más ves, más quieres seguir viendo y aunque muchas cosas duelan, sean duras o incluso no queramos observarlas, al final te enganchas... Habrán días peores y días mejores pero la sonrisa de un paciente siempre te va a dar fuerzas para seguir adelante si tienes vocación por tu trabajo.

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