Una nueva etapa

Unos entran y otros salen, el tiovivo nunca deja de girar. Mientras recorría el mismo camino siempre hacia un nuevo turno de mis prácticas, esta vez la noche, veía como la gente iba en sentido contrario, se marchaban a casa, a descansar, mientras yo me dirigía hacia una nueva jornada de trabajo. Es alucinante ver como mientras el mundo sigue con su rutina, aquí, en el hospital, no se deja nunca de avanzar; que mientras todos descansan, siempre hay alguien en la sombra que permanece atento, cuidando a los demás; asegurando el bienestar de las personas. Cada día que pasa doy gracias por poder estar haciendo algo que tanto me gusta, por poder aprender esta profesión, en general, por estar en mi lugar, porque ahora sé que es éste, que lo que estaba buscando ya lo he encontrado. Al principio he de confesaros que tenía miedo, no sabía si había elegido la opción correcta o si por el contrario me habría equivocado, pero cada día que pasa me doy cuenta de que realmente mi corazón me guió por el camino que debía tomar para ser feliz. Es cierto que es duro, que los turnos, en ocasiones, se hacen eternos, que entraña riesgos que debemos asumir pero da igual, todo es compensado: las frases de agradecimiento por parte de los pacientes, las sonrisas, la confianza... todo te da fuerzas para seguir adelante. Cada nuevo procedimiento que aprendo, cada técnica que pongo en marcha o cada rutina que realizo, entre otras muchas cosas, me hacen sentir viva, llenan una parte de vacío que ni siquiera sabía que existía. Me siento feliz, y aunque sé que las prácticas no son eternas y que por desgracia en poco vuelvo a las clases en la universidad, me dan fuerzas para afrontar el segundo cuatrimestre y para querer seguir adelante, para realizar el resto de prácticas que se encuentran a lo largo de la carrera y para seguir aprendiendo de esta bonita profesión. Esta es nueva etapa que marcará mi futuro y estoy realmente contenta con la elección que hace un tiempo atrás decidí tomar.

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