A mi pequeña familia
No sé en qué momento
comenzó todo y tampoco creo que eso importe mucho ahora, ni siquiera sé si
sabré utilizar las palabras adecuadas para plasmar mis sentimientos en este
papel, si mi memoria sabrá recordar nítidamente cada imagen que guardo. Me da
igual si han pasado dos o tres años desde ese momento, no llevo la cuenta
porque no necesito contabilizar algo que es simplemente amor. Al principio
pensaba que no llegaría a querer tanto a alguien como para llamarla familia,
pero lo cierto es que ahora tengo una nueva familia y estoy muy orgullosa de
ella. En estos últimos años he ido aprendiendo que se puede formar una conexión
más fuerte que cualquier cosa con personas que ni siquiera son de tu sangre,
porque la familia no se forma por la sangre sino por la unión, una unión capaz
de atravesar fronteras.
Ahora sé que
estando con ellas todo puede suceder, da igual si estamos a 50 km o a 10,
siempre estamos ahí en el momento adecuado, es como si nos leyéramos la mente,
como si existiera una invisible conexión que nos hablara de los sentimientos de
las otras. Los mejores recuerdos que guardo ahora son con ellas, son tardes de
risas, son viajes, cafés, cumpleaños, llantos, peleas… porque no podemos pasar más
de 10 minutos enfadadas; como en todas las familias, tengo recuerdos felices y
recuerdos tristes, pero eso es lo que me dice que estamos vivas. Sé que no
sería lo que soy ahora si no las hubiera conocido y no me arrepiento de ninguna
de las decisiones que tomé desde aquel momento porque son las que me han traído
hasta aquí. A veces son cabezotas, otras testarudas, otras risueñas y otras (la
mayoría) las personas más locas que conozco pero las quiero, haría cualquier
cosa por ellas, ahora lo sé, con la distancia lo he aprendido. Este es un año
duro para todas, estamos aprendiendo a vivir por separado, ya no las veo 6
horas al día, 5 días a la semana; ahora pueden pasar semanas sin verlas o sin
saber de ellas y es duro levantarme y saber que no las voy a ver porque estamos
lejos, pero sé que todas las mañanas, sea cual sea mi camino las llevo en el
corazón y que me apoyan, me ayudan a seguir adelante desde la distancia igual
que yo lo hago desde aquí. Sabía que llegaría un momento en el que nuestros
caminos se separaran pero nunca pensé que llegaría a extrañarlas tanto, lo siento
en cada terminación nerviosa de mi cuerpo, parece exagerado pero he llegado a quererlas
tanto que por eso las llamo mi pequeña familia, esa familia que saca las garras
las unas por las otras, que recoge las lágrimas en tarritos de cristal, que te
echa la bronca por estar llorando y luego hace cualquier tontería para que
vuelvas a sonreír, así somos nosotras. En ocasiones me dan ganas de coger el
coche e ir a buscarlas, sacarlas de clase y llevármelas, pasar el día juntas,
pero no puedo hacer eso porque no estaría nada bien; a veces las llamo porque
necesito oír sus voces, es extraño como ciertas cosas te cambian la vida a mejor.
Me gustaría que estuvieran en las fiestas que me pego en la universidad, pero
comprendo que nuestros horarios son incompatibles, me gustaría verlas más a
menudo pero el tiempo no está de nuestra parte. No puedo describirlas, porque
no existen tantas palabras para hacerlo; y reconozco que me enfado mucho con
ellas pero es porque no me gusta ver como les hacen daño, me encantaría poder
estar a su lado cada vez que una de ellas está mal pero la mayoría de veces no
es posible y tengo que contentarme de tranquilizarlas por mensajes o por skype.
Nunca pensé que sería posible tener alguien que completara la otra parte de ti
misma hasta que las conocí, son tan achuchables…
He pasado muchos momentos a su
lado, tengo un vínculo especial con cada una y a la misma vez una universal con
todas; hay días en los que me asusta pensar que llegará un momento en el que
realmente tengamos que separarnos por cuestiones laborales y por eso he
decidido vivir el día a día a su lado, aunque sé, que pase lo que pase, permaneceremos
unidas porque esta familia se hace más fuerte con cada paso que damos. No suelo
decírselo porque siempre creo que se sobreentiende pero estoy muy orgullosa de
ellas, de lo que son y de cómo son; sé que llegarán muy lejos y que triunfarán
en la vida. Hoy aquí y mañana allí, aún nos quedan muchos momentos dulces que
pasar, muchas cosas que celebrar, muchos días de salir y pienso estar ahí para
vivirlos y disfrutarlos con ellas. Ciertamente no sé que nos deparará el
futuro, si seguiremos aquí o nos marcharemos fuera pero me da igual porque sé
que el día que tenga que decirles adiós no será un adiós sino un hasta pronto;
las seguiré queriendo haya donde quiera que vaya o haya donde quiera que estén
porque la familia permanece unida siempre. Por eso y por todo lo que nos queda
por vivir, hoy me siento orgullosa de decir que tengo tres hermanas que no
cambiaría por nada del mundo. Los lazos que nos unen van mucho más allá de todo
y espero que ellas sepan que pase lo que pase pueden contar conmigo (aunque a
veces no parezca que esté) y sobre todo, que las quiero y las llevo en mi
corazón. Son lo mejor que me ha pasado hasta el momento.

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